Cuento de una noche en casacarranza
Salio de su casa sin preguntarse adonde iba.
Salio flaco, desabrigado y ebrio.
Salio para enfrentarse con su paso desigual y después de cuadras frías, entro en el pasillo de otra casa antigua y rara, le resulto familiar.
Allá en el fondo música y gritos bajo las luces de una noche tarde, llamaron su atención.
Doblo hacia la primera puerta, miro de reojo el umbral de la fiesta, no se atrevió a entrar. En cambio encontró un espacio sideral y allí ocupo su silla, ajena.
Una guitarra se acomodaba en sus brazos mientras se oía la voz de un Solo cantar.
Este le hizo señas para que lo acompañara, había un tercero también que tocaba un instrumento de cuerdas, parecía abstraído de la situación, sin embargo ahí estaba.
Pasantes disfrutaban del ambiente entre almohadones y copas, luego otra y botellas vacías que se rellenaban. Había humo en los rincones, alguien fumaba junto a la ventana.
El alegre cantor llevaba una toalla en sus hombros y un traje de baño de flores, decía que esperaba las olas mientras se acomodaba un roto sombrero de paja.
Decía que le dolía el cuerpo de tanto practicar ser un suricata, una comadreja, uno de esos animalitos que se sostienen parados en dos patas. En su canción hablaba de Ella y la comparaba con un parque de diversiones.
Detrás de la silla del guitarrista deambulaba el encapuchado de túnica gris, mudo, observaba.
De a ratos El dejaba de tocar para recuperar su cerveza perdida en la alfombra persa, recuperada por otros.
Brillaban los ojos de quienes asombrados, ingerían la risa a modo de complicidad con los músicos.
A través de la ventana se descubrieron dos alas gigantes y luego, el cuerpo femenino de una polilla negra convertida en mujer.
Hadas de colores revoloteaban contra los hombres dejando caer sus tules, decian, que eran los efectos del alcohol.
Un hombre mono tomaba vino en el cuarto de al lado.
Todo ocurría y en el fondo, continuaban la música y los estallidos de vasos vacíos al caer. Voces agitadas y desiguales irrumpían a través del pasillo.
Nadie sabía.
Nadie ganaba y nadie perdía.
Un sitio en común a la gracia
Al espectáculo
A la muerte de la cotidiana estadía.
Las ganas
Las risas
La resolución
El andamio de una noche en noviembre.
La bizarría improvisada
Así se llaman, así se reconocen.
Y bailan rituales de maravillas nocturnas.
texto: juanamey
foto: core



Que lindo, Mey… me gustó… sobre todo la forma en que encaraste el final. Muy original… Un blog para ubicar ya en favoritos y visitar regularmente… y avisarle a mi vieja sobre todo… vieja y amigos.
Posta que no sabía que escribías… nunca supe. Lindo enterarse así.
A ver cuando nos vemos que estamos que estamos un poquito alejados ultimamente, che. Pensar que antes nos veíamos por lo menos una vez al año.
Beso enorme a todos…
Y uno grande para ud., siga así, prima.
esaaaa. solo algunos sabemos lo que eso realmente significa verdad. que lindo poder sentir en la piel eso que vos trasformaste en palabras. me encanta como escribis.
Me divirtio! Es como dejarte llevar y pensar cualquier locura que y dejar que pase no mas, y pasa…
Besos.
Dolo.
Mey:Esto lo escribí hace tiempo, inspirado en este relato. No recuerdo si te lo hice leer. Aquí va:
Juanamey escribe de una fiesta
Juanamey cuenta de una noche.
Escribe de una fiesta.
De jóvenes.
Que no es una fiestafiesta, como las que recuerdo de mi niñez,
o de mi juventud.
Que eran tan formales, tan pautadas.
Se hacía esto y lo otro,
pero no, nunca, lo de allá o más acá.
Me recuerdo vagando por ellas, como ausente,
asiendo cosas que no me importaban.
Haciendo cosas en las que no creía.
Incómodo, fuera de ese lugar.
Deseando otros lugares, otras gentes.
Gentes soñadas.
Gentes que, quizá, solo existieran en mis fantasías.
Añorando pasados que nunca fueron,
o que fueron solo en la pantalla de un cine,
en la que ví imágenes que me hicieron soñar.
En esta casa de la que escribe Juanamey
cada uno está donde quiere.
Donde puede.
Con quien quiere.
Con quien puede.
Y si no puede o no quiere,
quizá a alguien le pase algo.
O no.
Se parece más a la vida
Real
Una noche en casa. 10 de junio, 2008